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  Domingo VI del tiempo ordinario
Ciclo C
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  Evangelio
  Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo
grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén
y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban
vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con
los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya habéis recibido vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís,
porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los
falsos profetas».

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  COMENTARIO LITÚRGICO

DICHOSOS LOS POBRES
(6º Domingo ordinario -C-, 17 - Febrero - 2019)

El “Sermón de la llanura”

Este año, la primera parte del Tiempo ordinario, antes de que comience la Cuaresma, concluye con los domingos 6º, 7º y 8º, que contienen una larga exposición de Jesús según el Evangelio de Lucas, sobre diversos temas, formando un sermón semejante al de "la montaña" en san Mateo. Ha concluido la elección de los Doce, llamados por Jesús a lo alto de una montaña, como hizo Moisés. Ahora, bajando de la montaña, Jesús comienza su enseñanza siendo coherente con el texto de Isaías que había proclamado en la sinagoga de Nazaret como lema de su mensaje: "El Señor me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres".

Las bienaventuranzas según san Lucas.

El discurso comienza con una serie de bienaventuranzas y malaventuras conforme al esquema del Antiguo Testamento (Primera lectura) y que será recogido por la catequesis primitiva con la doctrina de "Los dos caminos". Todas las felicitaciones se pueden resumir y vienen a ser una explicación de la primera: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios" (Lucas 6,20).

¿Quiénes son estos "pobres"? En primer lugar, hay que decir que Dios no bendice la pobreza material ni mucho menos la miseria, puesto que quiere que la remediemos con la justicia y la caridad. Jesús define como "pobres" a los que lo han dejado todo para seguirle, son los que ahora tienen hambre, lloran o son perseguidos por la causa del Hijo del Hombre.

La experiencia nos dice lo mismo que la Escritura pone en evidencia, que los ricos de este mundo ponen más resistencia en el seguimiento de Cristo, precisamente por el apego a las riquezas. Estos son los que se burlan de los siervos de Cristo y buscan "falsos profetas" que los alaguen y tranquilicen. Jesús, finalmente, desconfía de los ricos porque pueden ser motivo de desviación, de escándalo, para sus "pobres": "¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas!" (Lc 6,26).

El fracaso final de los ricos.

Por eso el señor bendice también a los pobres de medios económicos, a la gente sencilla, porque tienen más fácil la entrada en el Reino de Dios, y se lamenta por los ricos egoístas, avarientos o derrochadores que son una afrenta para los necesitados y un mal ejemplo para la sociedad. No debemos señalar nombres concretos, pero determinadas formas aprovechadas de actuar ante la gente, hacen parecer que dan ahora su consuelo, pero el Señor nos dice que, si no se convierten, fracasarán eternamente.

La opción preferencial por los pobres

En este domingo, conviene recordar que nadie puede ser excluido de nuestro amor, desde el momento que con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre. Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos.

Mediante esta opción, se testimonia el estilo del amor de Dios, su providencia, su misericordia y, de alguna manera, se siembran todavía en la historia aquellas semillas del Reino de Dios que Jesús mismo dejó en su vida terrena atendiendo a cuantos recurrían a Él para toda clase de necesidades espirituales y materiales. Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como “en su casa”. ¿No sería este estilo la más grande y eficaz presentación de la buena nueva del Reino?

Sin esta forma de evangelización, llevada a cabo mediante la caridad y el testimonio de la pobreza cristiana, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras.”


La razón de la pobreza evangélica: la esperanza.

Pero esta moral de la honradez y del desprendimiento tan propia del cristianismo no tiene sentido sin la esperanza en la vida eterna. La razón humana nos puede convencer acerca de lo que es justo y bueno; esto es lo que busca la ética o razón filosófica, pero la fe en Dios, juez justo y misericordioso, que da sentido a la vida aunque ésta se pierda por luchar por la justicia, va más allá de la razón, que no puede dar sentido a la muerte del inocente. Por eso san Pablo nos dice hoy en la segunda lectura: "Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos" (1 Cor 15,20).

Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura y Evangelio. Jeremías 17, 5-8 y Lucas 6, 17.20-26: La sabiduría del Antiguo Testamento distinguía entre los hombres que seguían el bueno y el mal camino según ajustasen su vida al Espíritu de Dios. Jesús continúa y radicaliza esta enseñanza de los maestros de Israel, los dos caminos, cuando pide a sus seguidores el desprendimiento total de los bienes terrenos.

Segunda lectura. 1 Corintios 15, 12.16-20: Continuando su enseñanza sobre la resurrección de los muertos, san Pablo dice que la fe en ella no se basa en razonamientos filosóficos sobre la inmortalidad, sino que es consecuencia de la fe en la resurrección de Jesucristo; sin ésta carece de sentido el ser cristiano.

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